13 de nov 1960 - Reflexión

   de Carlos Alfaro Aldana    (rev. 2002-07-24)

La mañana del 13 de noviembre de 1960 se riega la noticia sobre el levantamiento de un gran sector del Ejército en contra del gobierno del General Miguel Ydigoras Fuentes. En la sociedad guatemalteca reinaba un malestar general y este malestar también llegó a las filas del Ejército de Guatemala. Los líderes del movimiento, oficiales jóvenes la mayoría,  no sabían que un poco más tarde irían a jugar, junto a organizaciones civiles, un papel histórico en el movimiento guerrillero de Guatemala y en una guerra que terminó oficialmente en diciembre de 1996.

Entrarán a la escena las organizaciones político-militares  Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre MR13, las Fuerzas Armadas Rebeldes FAR, el Partido Guatemalteco del Trabajo PGT, el Ejército Guerrillero de los Pobres EGP, la Organización del Pueblo en Armas ORPA, consolidándose la unidad en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca URNG.

Para familiarizarse con los antecedentes recomiendo la lectura del documento 'Guatemala: Memoria del silencio' en la sección ENLACES.

Siempre se han usado epítetos cuando se habla de las guerras. Tenemos guerras 'gloriosas', guerras 'patrias',  guerras de 'liberación', guerras 'santas', guerras de 'independencia'. Aparte de eso hay también guerras 'sucias'.

No existen ni guerras gloriosas ni guerras santas. Toda guerra en sí implica una tragedia, implica pérdidas humanas y de valores humanos.

Las guerras contra un enemigo extranjero suelen unir a la población, todos luchamos bajo una sóla bandera contra una bandera extraña, la del agresor de afuera. Por el contrario, las guerras civiles dividen a las sociedad, la polarizan, y cada bando lucha portando la misma bandera. La guerra que se inició en los 60 y que terminó en el 96, fue una guerra interna, entre guatemaltecos, aunque una de las partes, los regímenes militares, hayan contado con  asistencia extranjera. Fue una guerra desigual, enmarcada dentro de la llamada Guerra Fría de las superpotencias de aquel entonces, los EEUU y la Unión Soviética.

Estas líneas no son una apología a la guerra por ser guerra. Es más que todo un reconocimiento a los que, renunciando a una vida o carrera ´normal',  tomaron la decisión de luchar con las armas en la mano y enfrentar las consecuencias que ello implica. Es también un reconocimiento a todos los líderes obreros, estudiantiles, campesinos, religiosos, luchadores por los Derechos Humanos, quienes enmedio de esa guerra tuvieron el valor de cuestionar en forma pacífica al régimen, afrontando la represión y la muerte.

Los culpables de la guerra no son los jóvenes con ideales que se rebelaron. Los culpables son los regímenes que no quisieron dar respuesta a los problemas que aquejan a la sociedad guatemalteca. A partir de 1954 únicamente se nota descomposición y represión  y durante los 36 años que duró el conflicto armado tampoco hubo esfuerzos serios por resolver la crisis política del País. 

La lucha revolucionaria  nos dió muchos héroes, hombres y mujeres. Pero a la vez la guerra nos los robó. Estos jóvenes que tuvieron que irse a la lucha, militar y no militar,  pudieron haber sido excelentes profesionales, excelentes compañeros, excelentes mentores, excelentes recursos para la sociedad. Para luchar en esas condiciones se requiere de mucha sensibilidad social, de ideales, de honor, de amor. Se luchaba por una Guatemala digna, por una Guatemala para todos. Muchos de ellos pagaron el tributo más alto en esa contienda - con sus vidas.

Conocidos son los nombres de los comandantes guerrilleros (fallecidos y vivos) Turcios Lima, el Chino Yon Sosa, Alejandro de León, Camilo,  Trejos, César Montes, Chema Vides, Pancho, Gaspar Ilóm, Rolando Morán, Pablo Monsanto, etc, etc. Sus méritos no son por la lista de militares que neutralizaron, sino más bien por el hecho de no haberse convertido en maquinitas de matar, de no haberse descompuesto en la dinámica de la guerra y no haber perdido de vista que se trataba de una guerra revolucionaria. No existen seres humanos perfectos, mucho menos en las guerras,  pero la educación ideológica ayuda a resistir las deformaciones. Hay que decir que el movimiento armado revolucionario logró superar muchas deficiencias aún encontrándose en una situación de guerra desigual.

El otro bando: El Ejército de Guatemala. Después de los sucesos de noviembre de 1960 se  implementa en las filas castrenses un proceso de depuración y se sientan las bases para una lucha contrainsurgente estructurada. Asesores extranjeros (EEUU, Israel, etc) ayudan a los militares guatemaltecos a traspasar las fronteras psicológicas del arte de matar. Jóvenes militares son convertidos en máquinas de tortura y muerte. Por un entrenamiento similar pasan también muchos civiles, formándose así los llamados escuadrones de la muerte, La Mano, NOA, etc., de triste recordatorio. Cobra fama la Judicial y la Policía Militar Ambulante. Más tarde el Ejército  organizará  las llamadas ´Patrullas civiles de autodefensa', formadas en su mayoría por campesinos indígenas, quienes, obligados y no-obligados, ejercen presión sobre sus comunidades. Guatemala ingresa a la oscuridad del túnel.

Los fondos del Estado son desviados a la guerra constrainsurgente y a la corrupción que ello implicaba. Son tantos los gastos que se llegan a agotar las reservas del tesoro nacional. La paridad de nuestra moneda  Quetzal con el Dólar llega a su fin. Ahora tenemos una moneda devaluada sin esperanzas de recuperarse.

El Ejército pues, contaba con todo los recursos del Estado, las policías, los escuadrones, las patrullas de autodefensa, la Prensa y otros medios de comunicación acobardados, etc., en contra de una guerrilla y un pueblo pobre sin recursos.

La guerra contrainsurgente no es sólo militar. Esta es una cruzada contra todo el que piensa y cuestiona. Contra la inteligencia. Aquí también, en las filas del Ejército, perdió la sociedad muchos jóvenes que en otras condiciones pudieron haber sido útiles a su Pueblo. El Ejército les abrió una posibilidad equivocada de desarrollo, basada en el odio en vez del amor, basada en la muerte en vez de la vida. Todavía hay muchos de estos oficiales y soldados que sufren las consecuencias de lo que hicieron. La mayoría de éllos ocultan su sufrimiento y aparte de eso, no hay quien los pueda 'desprogramar'.

Los civiles aprovechados. En los años de guerra Guatemala se hizo conocida por las miles de desapariciones y por los miles de mutilados. No habían prisioneros políticos. Esto provoca protestas de la comunidad internacional en contra de los militares guatemaltecos. Es correcta la protesta,  pero incompleta. Los militares uniformados eran los más visibles. Pero la verdad es de que a la sombra de los militares, se enriquecieron cantidad de civiles, profesionales, funcionarios, etc,  navegando en el  gran lago de la corrupción. Muchos de estos civiles son directa e indirectamente responsables de muchos crímenes, pero sin haberse desgastado como los militares uniformados.  A esta categoría de civiles corruptos pertenecen también los mal llamados 'presidentes civiles'   de la época de los militares. Es patético haberlos visto mamar con ayuda de los militares,  roer después en el PARLACEN y verlos ahora buscando otro hueso que morder en el no menos patético escenario político de Guatemala. Estos ex-funcionarios son la encarnación de la desvergüenza.

Termina la guerra. En diciembre del 96 se firman los últimos párrafos de los llamados Acuerdos de Paz.  Estos documentos serían los logros de varios años de negociaciones con mediación internacional. Son documentos que  confirman lo que tanto se reclamaba antes de iniciarse el conflicto armado. La guerrilla pues, había ganado por la fuerza de la razón.

El no estar en guerra es un triunfo para todos. Quiénes fueron los más afectados, es otra cosa. Los militares uniformados se quemaron políticamente mientras que los dueños del poder económico actuaron sin ser blanco de la condena internacional. El inventario para el Pueblo son los miles de desaparecidos y asesinados.

Los Acuerdos de Paz son muy poco conocidos por la población guatemalteca. El mismo presidente Arzú, signatario de los acuerdos, no hizo gran cosa por su difusión e implementación y el régimen actual tampoco. Mucha de la clase política atrasada hasta los rechaza. Dentro de poco estos documentos pasarán a la categoría  de 'históricos'  y a apolillarse en el cofre del olvido.

La guerra sirvió también para poner al desnudo la situación social y económica en que vivimos los guatemaltecos. En la unión de esfuerzos también se vieron cosas hermosas como es la unión de mayas y ladinos, de religiosos y laicos, de profesionales con campesinos. Se logró pues enmedio de la guerra mostrar las partes positivas, humanistas y solidarias de muchos guatemaltecos. Muy importante también en esta etapa de la historia es la solidaridad internacional. Se formaron comités de solidaridad con el Pueblo de Guatemala en muchas partes del mundo. Se llegó a conocer a nivel internacional sobre nuestros sufrimientos y nuestras luchas. Todas estas personas (activistas de la solidaridad) aman realmente a Guatemala.  

Pero nuestra sociedad sigue sufriendo de los mismos males que originaron el conflicto armado. La estructura económica y política es la misma. El contenido de los Acuerdos de Paz, que es una magnífica  plataforma, no basta  para resolver todos nuestros problemas. Su implementación, sin embargo, facilitaría en gran medida la marcha hacia metas muy concretas y con futuro.

El futuro de nuestra querida Guatemala depende de lo que hagamos hoy los guatemaltecos, pero más que todo de lo que NO hagamos.

Se sabe como empiezan las guerras pero no se puede predecir su fin. La guerra interna en Guatemala no terminó con la entrada triunfante de los  guerrilleros en verde olivo a la Capital. Tampoco terminó con la rendición de la guerrilla y los laureles al Ejército. Terminó como terminó, producto de negociaciones, en donde   las dos partes tuvieron que ceder y recibir.

Honor a quien honor merece. Al recordar esta guerra revolucionaria no debemos ser crueles críticos con los que en ella participaron. Por el contrario, debemos sentirnos orgullosos de esos jóvenes, hombres y mujeres, que llegaron hastas las últimas consecuencias por los ideales de libertad, de justicia, del derecho, de la dignidad. El día que ya no hayan guatemaltecos como ellos, nuestra sociedad sucumbirá. A la misma vez debemos hacer todo lo posible para que los guatemaltecos no nos volvamos a pelear y desangrar entre hermanos, ya que, como dijimos al principio: No existen ni guerras 'gloriosas'  ni guerras 'santas'.

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