NACIMIENTO DEL MATADOR

Cuando era pequeño su madre Alicia
Melinao siempre lo llevaba a ver jugar a su padre,así en las canchas del barrio de la
sureña ciudad de Temuco,comenzaba el sueño de Marcelo Salas:convertirse en un gran
futbolista.
Pero mucha agua tuvo que correr bajo el puente antes que Marcelo llegara a ser quien es.
Sus inicios,no están marcados ni por la gloria,ni por la fama de hoy,pero el camino de
sinsabores que ha tenido que recorrer este joven futbolista,son una muestra de que todo en
la vida se puede lograr,sólo hay que tener la intención,muchas ganas y quizás también
un poquito de suerte.
Marcelo,comenzó su carrera siendo"pasapelotas" del Club Santos de Temuco,pero
la agudeza de la mirada de este jugador,lo llevaron al poco tiempo a convertirse en
goleador del mismo equipo en la catgoria juvenil.Eran los años en que se había propuesto
llegar a Santiago y ser titular de uno de los grandes clubes del balonpié chileno.
Su padre,hincha número uno,y convencido de que Marcelo,era uno de los grandes,comenzó
con las gestiones,muchas veces infructuosas,que permitieran demostrar el talento de su
hijo.Varias fueron las puertas que tocaron -entre ellas las de ColoColo,primera prioridad
para Rosember Salas-pero nadie quería apostar por un desconocido,no sabían "la
cartita" que se estaban perdiendo.
En 1991,Marcelo y su padre viajaron a probar suerte a la capital. El equipo de Universidad
de Chile era el elegido. Después de diez minutos de juego con la reserva le otorgaron la
titularidad y comenzaron los llamados a Temuco para pedir el pase.
La carrera de Salas recién comenzaba, fue traspasado a Universidad de Chile por la
módica suma de 66 mil 856 pesos y en
8 días pasó a formar parte de la Selección Sub-17. Su sueldo entonces bordeaba los 50
mil pesos.
Fueron días dificíles para Marcelo, tuvo que dejar atrás la tranquilidad del sur e
internarse en la selva de Santiago; dejar la casa paterna y pasar a ser huésped donde
unos primos santiaguinos. "Estuve dos o tres años sin salir para ningún lado y
pasaba metido en la casa, no conocía a nadie".
No se demoró mucho en llegar a la categoría adultos. Vinieron los goles, sus increíbles
pases y el apodo de "Matador".
Dejó de ser el tímido provinciano que viajaba a la capital en busca de oportunidades. La
capital lo obligó a cuidarse, sobre todo de la prensa, Dejó de ser un chico alegre e
ingenuo.
Era un ídolo, una de las grandes promesas del fútbol nacional. Pero como se ha hecho
costumbre, todo lo que es bueno es materia de exportación. Los clubes extranjeros
empezaron a fijar la mirada en el "Matador".
mexicanos, españoles, y más tarde los argentinos no dejaron de gritar las ofertas para
tener a Marcelo entre sus filas.
Fue entonces cuando el empresario argentino Gustavo Mascardi, compró a Salas en 2
millones 800 mil dólares, más o menos mil 200 millones de pesos, y en pocos días lo
transfirió a River Plate por tres millones y medio de dólares.
Al poco tiempo, los buenos pases y, por supuesto los goles, de Marcelo Salas -quien firmó
contrato por tres años con el equipo bonanerense-lo situaron en el lugar de honor. Pero
nada fue gratis. Tuvo que dejar su país para lograr el triunfo. Aunque le advirtieron lo
difícil que podía ser. El se arriesgó.
Desde su debut en las canchas trasandinas, el 15 de septiembre de 1996, la prensa de ese
país le ha dedicado portadas y artículos que no dejan de elogiarlo y la hinchada le ha
demostrado su cariño mediante el canto a todo pulmón de
"Chileeeno...chileeeno". El, agradece con goles y con la clásica hincada con el
índice apuntando al cielo, como dando gracias a Dios. "Sé que habrá momentos más
difíciles, porque el fútbol es así. Pero la alegría de ahora no es comparable a otra
cosa. Es mucho lo que significa para mí y para mi familia".
El señaló una vez: "Desde que empecé a jugar al fútbol, yo siempre tuve en mi
cabeza ir a Europa, nunca había pensado antes pasar por el fútbol argentino. Por eso
cuando se dio la oportunidad la tomé como un desafío.
Tenía mucha confianza. Y espero triunfar antes de cumplir con 'ese sueño del pibe".